Símbolo del Patriarcado: El denunciado libre y la denunciante escondida o bajo custodia

José Alperovich, ex gobernador de Tucumán, desde Miami finalmente pidió licencia en el Senado por la causa que lo atraviesa en la justicia aunque aseguraba que no iba a hacerlo amparándose en la inocencia: “Porqué voy a pedir licencia si no hice nada”. La historia se repite, sea Villa Gesell, Tucumán o en la Quiaca, el denunciado goza de libertad con presunción de inocencia y las víctimas pasan un calvario.


Luego de que su sobrina lo denunciara por abuso sexual y tras asegurar este mismo lunes que no pediría licencia, el senador por la provincia de Tucumán y ex gobernador de ese distrito, José Alperovich, finalmente presentó un escrito a la presidencia de la Cámara Alta para solicitar apartarse de su banca mientras dure la investigación.

En el texto dirigido a Michetti, Alperovich asegura: "A fin de dedicar mi esfuerzo y mi tiempo a desbaratar la infamia, aclarar la verdad, y reparar mi honor, le pido expresamente que me confiera licencia en mi honorable cargo".

El texto de la misiva tiene apenas dos puntos más.

En el primero sostiene: "En estos días, como es de público conocimiento, he sido víctima de denuncias promovidas en mi contra".

En el segundo, agrega: "La imputación es absolutamente falsa, lo cual demostraré, a la corta o a la larga, ante la Justicia".

El viernes pasado la sobrina segunda de Alperovich denunció al senador por abusos sexuales reiterados en varias ocasiones y en sitios distintos.

"No escribo para convencer a nadie de nada. Estoy aquí contra la opresión del silencio y por la necesidad de recuperar mi vida, de sanar llamando a las cosas como son, sin suavizarlas ni teñirlas, poniéndole al monstruo nombre y apellido. Cuando no le ponés nombre, no existe", expresó la joven en la carta de denuncia que se conoció el viernes pasado, y agregó: "El mío se llama José Jorge Alperovich, mi tío segundo y jefe, por quién fui violentada sexual, física y psicológicamente desde diciembre del 2017 hasta mayo de 2019. Durante un año y medio sufrí violaciones a mi integridad física y sexual. El avasallamiento fue demoledor. Tanto que ni siquiera pude ponerlo en palabras. Él oscilaba libre y cómodamente en los tres escenarios ante los que me posicionaba: el familiar, el laboral y el del horror de la intimidad que me forzaba a vivir con él".