La lluvia de inversiones que nunca llegó a Villa Gesell

Corría el año 2000 en pleno gobierno de De La Rua y ya algunos “agoreros” anunciaban un muy mal futuro para Argentina, si se seguían aplicando las políticas económicas que sugería el FMI, parecía que el final del Menemismo no había cambiado el modelo económico, la insistencia neoliberalista ahora era impartida desde el riñón de la UCR y apuntaba al abismo derecho.
En aquella época, con un publicista de lujo, Ramiro Agulla, el mismo que formaba parte del grupo sushi, se pudo entusiasmar a la población con promesas de cambio, de progreso y de inversiones.


Contemporáneo al mandato del radical De La Rua, el intendente Luis Baldo, en pleno ejercicio de su mandato, supo empatizar con la onda noventosa que trajo Menem a la Argentina, donde todo lo que sea inversión privada debía tener un visto bueno, sin muchas trabas ni complicaciones, el famoso “hacela fácil y que cueste lo que cueste”. También parecía comprender a la perfección la receta “Agulla”: genera confianza en el mercado y en los inversores que van a llegar, así como llegan los turistas en verano.

En ese entonces dos megaproyectos eran eje de sus promesas de campaña, en un espejo que refleja casi a la perfección la tan mentada lluvia de inversiones anunciada en campaña por el Presidente Mauricio Macri en el 2015 solo que justamente 15 años atrás: primero hablamos del country San Alfonso del Mar, un complejo de 500 hectáreas, con 6000 unidades habitacionales, hoyos de golf y una laguna navegable, donde un grupo de origen chileno Iba a invertir una millonada en la ciudad, lo que de haberse iniciado, se habría desplomado en diciembre del 2001 con la caída estrepitosa de la economía local y Argentina.

Ni prendiéndole una vela a San Alfonso, fundador de la Congregación del Santísimo Redentor, patrono de confesores y moralistas, se iba a solucionar un problema de raíz que, con la presentación del segundo proyecto “Port-Dora” que terminó de desnudar una falta de interés a la hora de prometer y entusiasmar inversores: existían leyes y ordenanzas que revisar.

NO SIEMPRE EL “EL FIN “ JUSTIFICA LOS MEDIOS

En la zona norte muy cerca de Carilo, la promesa fue construir PORT DORA -Villa Océanica, un lujoso polo turístico y náutico que contaría con un puerto deportivo central y varios secundarios, un centro comercial y hotelero, una zona residencial, un casino y hasta un sector gastronómico "similar a Puerto Madero". Hablamos del año 2000 donde todo parecía tan fácil como armar un castillo de naipes y tan simple de caerse también.

El megaproyecto vulneraba la constitución provincial y el Código de Aguas, que en el artículo 124 expresaba "prohibese el loteo y la edificacion en una franja de 150 metros aledaña al oceano atlántico y la edificación sobre sobre los médanos y cadena de médanos que lleguen hasta el mar aún a mayor distancia."

En una publinota aparecida en el diario más importante de la ciudad de La Plata, Santiago Arrachea, uno de los dueños de la tierra donde iba a desembarcar el megaproyecto, declaró que el código de aguas era “un delirio total de unos trasnochados”, intentando dar un título que indigne, pero la declaración presupone que la ley no existe, o lo que es peor, debe modificarse en su beneficio "es una expropiación encubierta, algo confiscatorio" sentenció.

Finalmente la Corte de Justicia Provincial ratificó la constitucionalidad del Código de Aguas Bonaerense, acabando con el ambicioso proyecto Port Dora a principios del 2000, una promesa que nació desde el entusiasmo extremo, y no muy precavido del actual candidato a Intendente por Cambiemos, Luis Baldo.

ODIOSAS COMPARACIONES: LA LLUVIA DE INVERSIONES QUE ES MÁS PARECIDA A UNA SEQUÍA

Con muy bajas exportaciones y con casi nulas inversiones, el aumento de desempleo (10,1%) y la subocupación (11,8%) y una profundización del deterioro social y económico con el crecimiento de 10 puntos de la pobreza tocando el escalofríante número de 35% según la Universidad Católica y el indec “sincerado”, representa una caída en la escala social e impactó negativo en la vida de más de 20 millones de Argentinos, 4 millones de esas personas hoy son nuevos pobres, alcanzado los valores más elevados de la gestión de Mauricio Macri y uno de los derrumbes más marcados solo comparable (por forma y resultados) con el 2001.

Aún los economistas externos ligados con el gobierno entienden que luego de cuatro trimestres de reducción del PBI, lograron un desplome de casi el 25% en relación al primer trimestre de 2018 que ya había presentado índices negativos.

La odiosa comparación de la lluvia de inversiones implica una reflexión, los políticos en campaña permanente no pueden comprometer capital privado, ni predicar un futuro de alegría y prosperidad sin antes comprender el terreno donde van a sembrar.
A fines de los 90s, con leyes provinciales y ordenanzas que cumplir, Luis Baldo avanzó entusiasmando al electorado con dos proyectos galácticos, así como Macri en el 2015 realizó innumerables promesas durante su campaña electoral y el primer semestre de su gestión, que derivaron también en una sequía de inversiones, endeudamiento histórico externo, cierre de empresas y pymes, además de un enfriamiento del consumo más pronunciado de los últimos 13 años y una millonada de nuevos pobres.

La pregunta que nos debemos hacer es si Baldo y Macri mintieron a destajo o desconocían el terreno donde debían sembrar? En ambos casos, gobernar implica entender que miles o millones primero creen en tus promesas y luego dependen de tus decisiones y acciones de gobierno.

Ejercitar la memoria implica un examen de conciencia de todos, un análisis de lo que nos venden los medios, un escaneo de nosotros mismos y una responsabilidad a la hora de elegir a quienes nos representan y si incluso aún queremos depositar en ellos nuestra confianza, necesitamos que cumplan y prioricen el bien de todos, sin que por ello queden “miles o millones” lastimados en el camino como si la desilusión y el derrumbe económico de todo un pueblo se tratara de un daño colateral.