¿Por qué el poder judicial es el menos creíble de los poderes?

Cuando el relato se transformó en prueba suficiente para otorgar una prisión preventiva, la justicia comenzó a operar fuertemente junto al poder político de la mano de los medios, deformando de manera irreversible la credibilidad institucional de la misma. Según encuestas, el poder judicial es el menos confiable de los poderes. Días antes de finalizar su mandato, el macrismo consideró que no estaba “tan bien”  la doctrina Irurzun y dieron marcha atrás con una de las herramientas que mayores beneficios les trajo para sostener su relato que, a las claras, parece volverles como boomerang.
Atento al discurso de Alberto Fernández al asumir como presidente, se vendrá una gran reforma en la justicia que, de una vez por todas, deberá rendir cuentas con la sociedad (manipulada) al ritmo de una verdad construida dentro de un Castillo de Naipes por aquellos que mueven los hilos del poder real.


La excarcelación de Julio De Vido en las últimas horas, por lo menos hasta que haya sentencia firme, el nuevo arrepentimiento de Marcelo D’alessio, el fuerte discurso de un Presidente que viene del riñón de la justicia y el papelón de la estrategia de defensa de los ex titulares de AFIP Alberto Abad y Leandro Cuccioli, contra los dueños del medio C5N, declarando no conocer nada sobre las causas donde ellos mismos fueron querellantes, culminó en una crisis institucional tan profunda que, de avanzar a paso firme, desembocará en una nueva etapa de depuración y reestructuración. Uno de los reductos más poderosos y corrompidos del sistema de poderes en Argentina está en crisis extrema y la única forma de que la justicia vuelva a ser creíble, es que verdaderamente lo sea.

El tema se prestó estos días para una diarrea de subjetividades, donde el que mejor lectura hizo fue el mismísimo Presidente de la Nación, alejado de todo manoseo, con fuertes mensajes simbólicos y concretos avanzó en un discurso del que no hay retorno. Las subjetividades serán parte del pasado porque la sociedad comienza a ver al problema dese su raíz, no se queda en el chiquitaje de reconocer que la justicia fue utilizada históricamente para apuntalar a los gobiernos de turno.
En ese aspecto, la impunidad y la ambición del último gobierno, expuso de tal forma al Poder Judicial que hoy está completamente desnudo ante la opinión pública y camina en linea recta al escarnio social.
Las encuestas muestran que, pocos creen en la justicia ciega y su balanza que equilibra las partes y baja el martillo para la sentencia. Hoy la justicia se redujo a un simple eslabón entre el deseo de creer en la realidad que se compra desde la tribuna y la realidad que se demuestra empíricamente con pruebas, no desde un relato.

La miseria más profunda del poder se convirtió en una simple novela expuesta en prime time televisivo, escrita en diarios, locutada en radios, una novela donde el objetivo muchas veces fue conseguido: lograr que los actores, los hechos y las tramas, sean verosímiles, atractivos para las masas y fuertes para transformarse en creíbles.
Durante estos últimos cuatro años, no hacía falta poner netflix para ver tu serie preferida, la tenías en todos y cada uno de los soportes, canales y medios de comunicación posibles.
Ya no tenías que creen en un Dragón prendiendo fuego pueblos enteros que evocan estar en el medioevo, un político yanqui sin escrúpulos que es capaz de matar para llegar a presidente o un gánster irlandés de principios del siglo pasado que se vuelve el hombre más poderoso e influyente de Nueva York.
Nada de eso, porque alcanzaba con el relato de una trama de corrupción volcada en las fotocopias de unos cuadernos que, días antes de las últimas elecciones aparecieron por arte de magia.

También alcanzaba con tres o cuatro audios filtrados ilegalmente, provenientes de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) para construir y moldear el perfil mediático de un político, quizás el más popular de los últimos 30 años: Cristina Fernández de Kirchner.

Es sabido que toda acción genera una reacción, la justicia parece intentar, estos últimos días, recuperar las formas, llega el verano y quiere estar un poco más delgada para poder lucirse en la nueva temporada 2020 ante los ojos de todos. Sin embargo, es parte de un veranito en el cual se ajustará lo desastroso e incriminatorio y se intentará por otro lado, sostener el status quo. Algo que, tendrá su contraataque de cumplirse tal cual fue presentado por el Presidente Alberto Fernández en su discurso de inicio de mandato, quien auguró un verdadero cambio en la justicia.

Es que si la justicia fuese independiente, Argentina sería un país más transparente y sin dudas viable. Hoy la justicia es un verdadero atolladero, un lugar que logró conseguir con sus propios actos ante los ojos del pueblo.  Acostumbrada a ser invisible, inmune y todopoderosa. Hoy, visible, menos poderosa y con serias posibilidades de dejar de ser impune. Bienvenido sea el cambio!!!