Villa Gesell una postal más del tejido social roto

Luego de la extensa cobertura de Villa Gesell Portal sobre el violento asesinato de Fernando Báez Sosa en nuestra ciudad, la sociedad se pega de cara contra el espejo y se autopercibe desnuda y vulnerable a la ruptura del tejido social. ¿Son nuestros hijos violentos o son el reflejo de un contexto violento? ¿Porque un joven llega a la mayoría de edad con un expertisse en cultura alcohólica? ¿El deporte que exalta la fuerza física e impone al cuerpo dominante tiene su correlato en el desenlace del homicidio de Fernando? ¿La sociedad es simplemente voyerista o activa mecanismos de prevención y depuración? ¿Cual es el rol individual de cada sujeto como parte de una comunidad donde los hechos socavan permanentemente la confianza en sus sistemas? ¿Estamos rotos? Estamos rotos.


La noticia de la muerte violenta del estudiante de abogacía Fernando Baez Sosa en Av.3 y Paseo 102 nos aleja a cada instante de la información necesaria para desandar el camino y reconstruir los hechos que tuvieron como consecuencia un homicidio, nos obliga a reflexionar y buscar juntos el eslabón roto, ese que requiere ineludiblemente de la opinión de todos, no la ligera, sino la profunda, esa que nace cuando tomamos distancia para apreciarnos como partícipes necesarios de la construcción de un modelo cultural que nos va mostrando cada vez más imperfectos, cada vez más desarmados.

El abogado de los diez rugbiers de Zárate, el Dr. Hugo Tomei, parece simular humildad, dice “soy un simple abogado”, en una estrategia de comunicación para decir y no decir, la misma elipsis que utiliza la sociedad para “decir” y “no hacerse cargo” de los problemas, porque el problema parece ser siempre el otro, el problema siempre nos pasa por al lado pero nos pasa por arriba, nos aplasta.

Luego del hecho, más precisamente la noche después, los adultos no teníamos respuestas tangibles sobre lo que había pasado, No hablo de información, hablo de que el estupor nos bloquea y, pese a eso, tomamos la decisión de avanzar por el mismo camino, el camino que terminó la noche anterior con una muerte, ajustando quizás, viendo que tornillo estaba medio flojo, pero el mismo camino al fin.
Los jóvenes, o la gran mayoría de ellos, parecían motivados, protagonistas, en una sociedad que les demanda serlo, les demanda destacarse, les demanda Likes, les demanda amigos, fans, les demanda sobresalir no importa cómo: con un buen culo, un buen músculo o una buena riña callejera.

Estamos rotos. El camino de la deconstrucción real comenzará cuando en la piel se sienta colectivamente que estamos en el fondo del abismo, porque cuando no se pude caer más, inevitablemente se asciende. Dicen.  Mientras tanto será un proceso individual, familiar, de pequeña comunidad y no la comunidad que se une en patota para matar, o en patota con un único abogado para defenderse, sino la que se une para sanar y transformarse.

El Estado cumple un rol esencial, porque posibilita, porque decide, porque antes reprimía y ahora debe contener, elige y debe accionar.
La familia, porque cualquier padre bien nacido: educa, cuida, protege, guía, no esconde, no cubre, no incentiva a la violencia, no permite que su hijo, su creación, eso que nos iguala en la concepción, sea protagonista y responsable de un crimen.
Las instituciones que deberían ser modelo, tendrían que inspirar confianza, respeto, porque si hay un dirigente corrupto o un policía que mata por la espalda, eso forma parte de la educación de los jóvenes que, en una especie de coctel, mezclan toda la información: la que eligen y la que maman, y los termina implotando.

Hoy una familia llora el arrebato de su hijo, un pibe que la peleaba desde abajo, de esos que saben lo que es no tener, saben lo que es ganarse la vida y remarla, un joven que vivía en un barrio de los más acomodados de Buenos Aires porque su padre es portero de un edificio, también conocía de discriminación, conocía la rivalidad de clase. Sin embargo seguía, quería ser abogado, avanzaba abriéndose paso para construir su futuro, hasta que le takclearon sus sueños.

Fin del partido, no hay tercer tiempo. Suspendamos el resto del campeonato para saber cómo y a que vamos a jugar. Rotos no sirve, sucede nuevamente.

Por Sebastián Iglesias, Director de Villa Gesell Portal.