Mientras los porteños se quejaron por el uso desmedido de la pirotecnia, en Villa Gesell fue muy aislado

Luego de la modificación de la ordenanza sobre la venta de fuegos artificiales de estruendo, que complica a quien quiera comercializar en nuestra ciudad, además de una fuerte difusión de los medios de comunicación junto al Municipio, se logró pasar una navidad de las más calmas de los últimos años. La gran prueba de fuego será el martes próximo, cuando se celebre la fiesta de año nuevo.


Durante la última etapa del gobierno de Cambiemos en la Provincia “pasaron cosas” y la justicia comenzó a autorizar nuevamente la venta de pirotecnia en municipios donde estaba prohibido.
Villa Gesell logró meter cintura en la problemática y a la vez que desalentó el uso de este tipo de “entretenimiento” para algunos, complicó las formas de venta.

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La pirotecnia es vistosa pero eso no justifica el desconcierto y daño que genera principalmente en miles de personas con autismo y en millones de mascotas, principalmente perros y gatos; además existe un riesgo alto de incendio, sobre todo en las zona sur y norte del partido.

Este tipo de prácticas que culturalmente van en desuso a nivel masivo y comercial, se ubican en el marco de otra de las batallas culturales que debemos afrontar cada año. Por otro lado, cuando nadie pensaba en los otros, tampoco pensaba en los propios, la pirotecnia se cobró cientos de casos anuales de pérdida de ojos, quemaduras en el cuerpo, amputaciones en las manos y también se cobró algunas vidas.

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Es tiempo de afrontar con madurez el tema y pensar en los otros y en nosotros mismos. Sin dudas quien aún sabiendo todo esto, se divierte y utiliza el dinero para gastarlo en este tipo de entretenimiento, es muy complejo que entienda el mal que genera.
Sin embargo, en una Argentina donde no todos comen 4 veces al día y muchos festejan las fiestas con poco y nada arriba de su mesa, si la prohibición de la pirotecnia no es posible en todo el país, debería implementarse un impuesto extraordinario sobre los que quieran comprar la misma. De esta manera tendrían que pagar un monto alto (para desalentar aún más la venta) supongamos que sea el doble del costo de la misma, para que ese dinero extra sea directamente destinado a las familias que más lo necesitan, a las protectoras de animales y a las familias de niños y niñas con autismo.