Estudian el poder mortal del acoso y el ciberbullying por un maratonista que terminó suicidándose

Derek Murphy inició una campaña en contra de Frank Meza, lo denunció en internet y logró que medios importantes de EEUU se sumaran. Luego de un tiempo, Frank Meza, corredor de 70 años no soportó más la presión de la persecución en el mundo digital y se quitó la vida. De inmediato todo se revirtió, Derek Murphy, el acosador, comenzó a sufrir los efectos de la toxicidad virtual. Un tema candente que se vive a diario en las redes y que desafía a la justicia “Si lo que le pasó a Frank hubiera sucedido en otro contexto y no en el virtual, estarían todos en la cárcel” señaló la mujer de Meza.



Frank Meza era un médico, hijo de inmigrantes mexicanos en California, que corría desde que ingresó al equipo de atletismo en la escuela secundaria. Trabajó durante décadas en el sistema de medicina familiar de Kaiser Permanente y llegó a estar a cargo de la oficina de Los Angeles Este. En la década de 1970 cofundó el Aztlan Track Club, un grupo de corredores jóvenes latinos, y colaboró en el programa educativo Chicanos for Creative Medicine.

El 24 de marzo de 2019, cuando pisó la llegada de la Maratón de Los Angeles, el relator oficial lo celebró: “Un joven de 70 años que marcó 2:53 y monedas, ¡Frank, eres increíble!”.

No llegaría a mantener ese registro. Se suicidó el 4 de julio. Otro maratonista, Derek Murphy, lo había acusado de haber hecho trampa; en las redes sociales y los sitios de corredores el asunto había crecido en una espiral de ciberbullying.

“No puedo continuar mi vida mientras todo el mundo me ataca”, dejó grabado en un video para su familia, momentos antes de saltar al concreto que cubre el lecho de Arroyo Seco donde se junta con con el río Los Ángeles, desde el puente de la calle Riverside. “Siento que nunca se va a terminar, y ya toqué fondo. No puedo seguir”.

La familia responsabilizó a Murphy y a quienes lo acosaron: “Si lo que le pasó a Frank hubiera sucedido en el mundo físico y no en el virtual, estarían todos en la cárcel”, dijo la esposa de Meza, médica también, Faustina Nevarez, a la revista Wired. “Murphy estaba obsesionado”, agregó la nuera, Sara Tartof. “¿Qué lo motiva? Le da placer causar dolor y vergüenza a los demás”.

Convencido de que su cruzada justiciera en el deporte amateur es meritoria, Murphy sostuvo su posición ante The New York Post: “Fue un caso tan flagrante que no puedo imaginarme cómo no denunciarlo”.

Pronto, sin embargo, muchos pensaron lo mismo sobre él. Y del mismo modo que él, el sitio LetsRun.com y una multitud de comentaristas en línea atacaron a Meza, Murhpy comenzó a recibir mensajes hostiles:

“Tus objetivos no son nobles ni justificables”; “Eres un perdedor que no tiene nada mejor que hacer”; “¿Por qué no te metes con el deporte profesional, te da miedo?”; “¡Debería darte vergüenza a ti! Tienes las manos manchadas con su sangre"; “Gran trabajo con Meza: ¿a quién le destruirás la vida a continuación?”.

Ahora, en diálogo con Wired, Murphy reconoció que durante meses después de la muerte de Meza necesitó ver a un terapeuta. “Había horas —días— en los que me venía abajo”, dijo. “No lo comparo con lo que pasó su familia, pero fue traumático”.


La denuncia y la obsesión

El 28 de mayo, 37 días antes del suicidio de Meza, Marathon Investigation publicó su denuncia. El texto agregaba que Meza había sido descalificado de por vida de la Maratón Internacional de California (CIM) porque se habían encontrado anomalías en el ritmo de su carrera en distintos segmentos. El 29 volvió a escribir sobre Meza: lo acusó de hacer trampa en una maratón en Phoenix, un mes antes de la de Los Angeles.

“A mediados de junio otras publicaciones, incluidas People y The New York Post, habían recogido la historia de Meza”, siguió Wired. “El Los Angeles Times escribió un largo artículo que sintetizó algunos de los hallazgos de Murphy y detalló la vida sobresaliente de Meza como médico”. Pero en las redes sociales y en LetsRun.com los comentarios eran “despiadados”. Algunos decían que también su curriculum vitae de médico era un fraude, que era un mentiroso patológico; un usuario con el nombre “No es posible” hizo interpretaciones negativas sobre una serie de segmentos de distintas carreras de Meza.

Lorena, la hija de Meza, enfermera, se preocupó cuando leyó la primera nota de Marathon Investigation. “Hay mucha locura en internet", le dijo él, para tranquilizarla. Sin embargo, estaba muy afectado. Tiempo después le diría al Times: “Me acusaban de toda clase de cosas, era algo bastante traumático”.

Cuando se anunció que Meza no sería descalificado de la Maratón de Los Angeles por la denuncia, Murphy se sintió defraudado, según escribió en su sitio. “No es el momento de darle a Frank el beneficio de la duda”, insistió.

“La decisión galvanizó a los usuarios de LetsRun.com; la conversación sobre Meza ahora se extendió a cientos de comentarios, desde los sobrios hasta los conspirativos”, analizó Los Angeles Magazine. “La presión, la atención, los correos electrónicos, hasta el trolling tiene que seguir hasta que Meza confiese lo que hizo y se disculpe”, escribió un usuario.

Y siguieron.

En el foro y en las redes sociales se publicó información personal sobre Meza, “incluidos los contactos de sus empleadores”, siguió el Magazine. “Un puñado de gente dejó reseñas negativas sobre él. Las instituciones donde había trabajado durante décadas comenzaron a distanciarse de él”. Para Meza hubo un punto de no retorno: el Colegio Loyola, donde había sido entrenador auxiliar de atletismo durante 25 años, le pidió la renuncia. “Quedó devastado”, dijo la viuda a Wired. “Él era mentor de esos muchachos. Eso era su vida”.

Un suicidio entre festejos

El 28 de junio la Maratón de Los Ángeles revisó su decisión y, sobre la base de nuevo material de video y “la denuncia de un testigo ocular creíble”, descalificó a Meza.

Los medios y la internet se aferraron al tema durante días. Lorena y su hermano, Francisco, médico como su padre, le dijeron a Meza que lo mejor era que no se defendiera, que no participara del festival de medios y redes. Meza concibió un plan: participaría en la maratón de Chicago en octubre para limpiar su nombre.

Pero un día, mientras corría con su nuera, Meza se quedó sin aire. Un cardiólogo le diagnosticó un prolapso de la válvula mitral, posiblemente por un músculo dañado en el corazón, y le programó una cirugía. No podría correr ese año, habría que ver si acaso alguna vez podría volver a hacerlo en alguna vez. “Supo que nunca podría reivindicarse”, dijo al Magazine Faustina.

Murphy se sintió, precisamente, reivindicado. Pero no satisfecho. Comenzó a revisar más carreras pasadas de Meza. El 3 de julio Marathon Investigation publicó fotos en las que se veía a Maza fuera del recorrido en la Maratón de Los Angeles de 2017. Al día siguiente, tituló: “Frank en bicicleta: no se puede negar la evidencia”. Según la denuncia, Meza había cortado camino en bicicleta en San Francisco, en la maratón de 2014.

Ese 4 de julio los Meza no planeaban la fiesta familiar que solían hacer por el feriado del día de la independencia de los Estados Unidos. La mañana se presentaba bonita pero toda la prensa instalada frente a la casa arruinaba el clima de barbecue. A las 8:30 Meza le dijo a su esposa:

—Me voy a correr un rato. Después vamos a comer juntos.

—Suena bien.

—Te quiero.

En el automóvil de ella manejó hasta Frogtown, el barrio donde había crecido. Dejó el vehículo y comenzó a trotar por un camino que sigue al Arroyo Seco. Al llegar al puente que da al lecho de cemento, se tiró. Murió en el acto.

En Ohio, Murphy estaba con su hija en un parque de diversiones. Cuando fue al baño revisó el foro de LetsRun.com y creyó que la noticia del suicidio era una broma de mal gusto. Pero al regresar a su casa encontró su correo electrónico abarrotado de pedidos de entrevista y entendió que era cierto, que Meza estaba muerto.

Primero le pidió ayuda a un amigo que moderaba su página de Facebook, que estaba en llamas. “Asegúrate que la gente sea respetuosa en sus comentarios”. Al día siguiente Marathon Investigation publicó una declaración de pésame. En LetsRun.com las voces se enfrentaban: “La humanidad no puede llegar más bajo”, dijo alguien; “¿Cuál es la solución, hacer la vista gorda con los tramposos y los mentirosos por temor a que sus sentimientos se puedan herir?”, preguntó otro.


Maude Gorman, otra maratonista denunciada por Murphy, quien reconoció en 2018 que había mentido en la carrera de Maine, explicó que la violencia puede tomar otras formas: “Creo que Murphy creó una atmósfera en línea donde el cyberbullying y el acoso se convirtieron en un ‘castigo’ válido para aquellos en el sitio”, dijo a Wired. “Esa es una de las razones por las que debí luchar mucho contra la idea de suicidarme”.

Casi 1.000 personas fueron al funeral de Meza, incluido el ex alcalde de Los Angeles Antonio Villaraigosa. Muchos de sus colegas, otros corredores y hasta ex compañeros del secundario asistieron también. “Todos contaron historias sobre su gran compromiso con la comunidad”, recordó Tartof. “Y eso es algo que se está perdiendo. Ahora tenemos comunidades en línea”.