En Villa Gesell: llegó marzo antes de tiempo

Menos ventas, menos gente, menos ánimo. El violento homicido de Fernando Báez Sosa precipitó la merma de turistas en nuestra ciudad. De mantenerse, golpeará a la economía local y a los vecinos que dependen exclusivamente del éxito de una buena temporada. Algunos comercios se ven perjudicados y temen que las ventas sufran un derrumbe sostenido. ¿Llegó Marzo antes de tiempo? ¿Qué podemos hacer para cambiar esto?

Desde el minuto cero en que Fernando perdió la vida en manos de un grupo de violentos, Villa Gesell empezó a ser otra. ¿Por qué? porque todo lo que funcionaba de manera endeble se quebró y quedó expuesto ante la catástrofe. Hubo cambios que sucedieron por la coyuntura y por decisión política, donde se mejoraron los controles en los accesos a las playas y en la vía pública, aunque se percibieron extremos, los mismos son el resultado necesario para contener una situación compleja, sin embargo dejan ver la falla anterior de los mecanismos de prevención, o lo que es peor, de la ausencia de muchos de ellos.

La situación, en definitiva, se revierte con decisión política y con mucho trabajo de parte de toda la sociedad, pero mientras quienes tengan algún grado de responsabilidad en materia de seguridad se atrincheren, sin dar ningún tipo de explicaciones y manteniendo el paupérrimo nivel de resultados que venían obteniendo en la función pública, nada va a cambiar.  

No hay dobles lecturas, hay que ser directos: mataron a un pibe en la calle, no en cualquier calle, fue en Av.3, mataron a un turista y de los turistas vive gran parte de la ciudad.
Para ser más precisos: A Fernando lo mató una patota de turistas asesinos, de esos que también llenan discotecas, restaurantes, almacenes, panaderías, locales de venta de indumentaria. De esos que ya venían a Gesell y por suerte o de casualidad no mataron a nadie antes.
Esa verdad es incontrastable, pero no puede soslayar a uno de los correlatos que surgen del asesinato de Báez Sosa: las responsabilidades de otros adultos que no estuvieron a la altura de las necesidades que presenta una ciudad como Villa Gesell y hoy siguen cumpliendo una función pública. Es necesario dar ese diálogo, no nos hace más vulnerables, todo lo contrario, nos vuelve más adultos.

Incertidumbre en parte de los comerciantes:

Carlos tiene una panadería y se levanta entusiasmado cuando algunos aún ni se acostaron, todos los días del verano, lo hace para ganar un mango más para que se formen colas en su comercio. “Bajó mucho la última semana, habíamos arrancado bien en enero, se hacían colas adentro y afuera, eso cambió”.

Mabe vende ropa, en invierno le cuesta pagar las cuentas, el local es chico y tiene algunos amigos que le compran, busca precios, elige la ropa de forma meticulosa dice que conoce a sus clientas que les conoce los gustos, en verano vende más fácil, explica “no me salva ningún verano pero vendo más y la diferencia la invierto, claramente cambió el ánimo de la gente y muchos que entran al local me hablan de lo que pasó en Gesell”.

Diana alquila y se jacta de ser la mejor en lo suyo, todas las temporadas y fines de semana largos trabaja de sol a sol para lograr ocupar todas las propiedades a su cargo “este año fue increíble y la gente estaba de buen ánimo, lo que noto desde la semana pasada es que bajó un poco la consulta y no es fácil sostener el precio de referencia”.

Cada vecino consultado, sintió el golpe y Ramón, dedicado a la gastronomía señaló “ahora es el momento de hacer autocrítica, porque lo que pasó, pasó por algo y para volver a crecer hay que reconocer que algo no se está haciendo bien”.

Villa Gesell es un gran atractivo turístico en si mismo, uno de los diez más importantes de Argentina. Siempre lo fue y eso mejoró notoriamente durante los primeros 4 años de gestión del Intendente Barrera, pero sufre una pérdida de confianza y la peor equivocación es creer que es por lo que “dicen los medios” a partir del caso Fernando Báez Sosa, en tal sentido, podríamos indicar que fue el triste final de una cadena de errores que se podían prevenir, donde las libertades extremas y el desinterés absoluto sobre “lo que hacen los jóvenes cuando están solos” pone a toda la sociedad frente a la responsabilidad de “hacerse cargo” o seguir “haciéndonos los boludos”. Finalmente, de esta sociedad provienen sus dirigentes.

Los vecinos necesitan paz, poder seguir recibiendo turismo a caudales, necesitan trabajo, seguridad, educación, salud, cultura y perspectivas de futuro.
Los turistas necesitan seguir creyendo en Villa Gesell, seguir soñando todo el año con la ciudad deseada para venir de vacaciones. ¿Es posible?
Sin dudas que lo es.